2017-10-15

La cuadrilla saludable



“Houston, tenemos un problema” es lo que me brotó estos días al acabar de leer los diferentes documentos sobre alimentación, gastronomía, alimentación saludable, etc. que me he engullido para atender mi faceta laboral puesto que, si esos documentos apuntan en la dirección que creo, los usos y costumbres de mi sanedrín semanal (embutido de picoteo, botilla de sidra por cabeza, queso curado, etc.), ósea la cena de los jueves con mi cuadrilla en la sociedad gastronómica, entran en grave crisis, al menos, si no nos declaramos en rebeldía ante las estrategias dominantes y seguimos, como hasta el momento, cenando por un doble placer, el placer gastronómico y el placer de la compañía.

Pues bien, recientemente, al volver de la presentación del Plan Estratégico de la Gastronomía y de la Alimentación (PEGA) de Euskadi pilotada por la omnipresente consejera Arantza Tapia, tras haber devorado un pintxo de tortilla de patatas (frío, por cierto) y departido con mi amiga Ruth, la perenne sonrisa de la D.O. Getariako Txakolina, recuperé el USB que nos dieron y tras, sufrir un auténtico arrebato de locura, me puse a la tarea. Por cierto, les adelanto que dudo si lo de regalar un USB es para ahorrar papel o para desanimarlos a imprimirlo y leerlo. En mi caso, lo segundo, no lo han conseguido puesto que me he tomado la molestia de leerlo.

Molestia porque les anticipo que el dichoso PEGA es un documento árido, con ese lenguaje entre abstracto y técnico propio de las consultoras, pero aún así, estoy contento al percatarme que dicho Plan no es un plan aislado sino que es un plan de país, interdepartamental y alineado, es el palabro de moda, con otras estrategias tanto del propio ejecutivo vasco como de instancias europeas como la Estrategia de Especialización Inteligente RIS3 (incluyendo como área de oportunidad la alimentación más ligada a la sostenibilidad y al entorno humano) y el Horizonte 2020, es decir, que la estrategia alimentaria del país, además de impulsar el conjunto de la cadena alimentaria, se entrelazará, directa y profundamente con la estrategia de salud pública siguiendo la máxima de Hipócrates Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.

La misión del Plan es lograr que la cadena de valor de la gastronomía y alimentación sea saludable, segura, singular y sostenible (social, cultural, económica y medioambientalmente) y se ha marcado como objetivos, entre otros muchos, crecer económicamente hasta alcanzar el 12% del PIB, frente al 10% actual, y promocionar internacionalmente el triángulo Alimentación-Gastronomía-Turismo para que, de paso, Euskadi llegue a ser un referente mundial en ambos campos.

2017-10-08

¿De qué se ríe el comisario Hogan?


Tomando un café con mi amiga Patricia, sí, la de Mercadona, hablando de lo humano y lo divino, acabamos intercambiando opiniones sobre la relativa calma que vive el sector productor vasco donde, por una parte, la creciente estructuración del sector productor ha supuesto una mejor organización sectorial con la que afrontar los retos que nos plantea el mercado y, por otra parte, la creciente demanda de producto local, en su mayoría amparado por marcas de calidad, por parte de las cadenas de distribución, la verdad sea dicha, unas con más empeño que otras, hace que en estos momentos no existan grandes dificultades para vender nuestro producto.

¿Entonces, dónde está el problema? se dirán ustedes, al igual que me preguntó mi contertulia, y yo le volví a repetir mi humilde teoría que es la siguiente: el actual sistema alimentario, el mayoritario al menos, está sustentado en una alimentación ciertamente barata y por ello, en una cadena alimentaria de varios eslabones donde todos los eslabones, salvo el primero, van integrando su “beneficio industrial” y el productor de alimentos está destinado, así parece al menos, a subsistir con el hilillo de oxigeno que le dejan el resto de eslabones y particularmente, las cadenas de distribución que son las que, verdaderamente, tienen la sartén por el mango.

Pues bien, al igual que ocurre en lo que se refiere a nuestro físico donde el poco oxigeno que necesita una persona mayor es claramente insuficiente para un joven que por su vitalidad, inquietud y ganas de  afrontar nuevos retos, el escaso oxígeno (y me estoy refiriendo a rentabilidad) de la actividad agraria quizás sea suficiente para que los mayores o maduritos, asentados, con la familia ya volando y con las estructuras más o menos pagadas y , muchos de ellos, pensando más en  la anhelada jubilación, pero tal y como imaginarán, ese poco oxígeno es insuficiente y asfixiante para ese joven que quiere emprender una nueva actividad, invertir e innovar en la explotación familiar y con su trabajo sacar adelante su propia familia que, como todos saben, al inicio vive asfixiado entre facturas y créditos.

Soy consciente que todo no se soluciona con dinero pero convendrán conmigo que el vil metal aligera las penas si con ello puedes agilizar la transmisión de explotaciones de mayores a jóvenes (por cierto, un pago compensatorio anual para los cedentes ya contemplado en el Reglamento 1305/2013), se pueden apoyar políticas de pilotaje de la transmisión (¿dónde estarán las añoradas ayudas a la prejubilación?), puede facilitar la contratación de personal para poder conciliar el esclavo trabajo agrario con los actuales parámetros de la vida familiar moderna (aspecto muy valorado incluso por las nuevas generaciones provenientes de las propias explotaciones) o te puede posibilitar, entre otras muchas cosas, invertir en tecnología y modos de producción que hagan más amable la mera producción.

Pues bien, imagino que éstos y otros muchos temas más sesudos, serán los que hayan protagonizado la conferencia organizada por el Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores (CEJA) el pasado 27 de septiembre, donde el comisario de la UE, Phil Hogan, equipado de su  inquietante sonrisa y haciendo uso de la habitual retórica, hueca y ampulosa, de aquellos que hablan sin decir nada de fundamento, obviamente, destacó la importancia de los jóvenes agricultores europeos para el futuro del sector y aunque reconoció que sólo el 6% del total de los agricultores europeos son menores de 35 años, en comparación con el 56% que son mayores de 55 años, se limitó a señalar que la renovación generacional es cada vez más crucial y debe ir acompañada de políticas adaptadas. Ósea, nada nuevo bajo el sol.
Algo parecido a lo que he percibido en el documento presentado este pasado verano, allá por el mes de Julio, por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación bajo el ambicioso título de Paquete Joven donde además de líneas ya recogidas en diferentes comunidades o cuestiones sobre las que no es competente, se pone más empeño en igualar, armonizar y/o homogeneizar las condiciones y los requisitos para la incorporación de los jóvenes como si lo más importante, en vez de mejorar lo sustancial, fuese que todos los jóvenes que quieran incorporarse a la actividad agraria, se incorporen donde se incorporen, tengan, no un trato adecuado, sino idéntico. ¿Será que las cabezas pensantes del Ministerio opinan, a semejanza de lo que ocurre con algunas empresas, que los jóvenes del Estado deciden en qué Comunidad Autónoma instalarse en función de los requisitos o de los porcentajes de ayuda?  .
Sé que la cuestión del rejuvenecimiento del agro y del imprescindible relevo generacional es cuestión harto difícil de solucionar. Quizás, lo que yo haga, escribir sin más, sea lo más fácil pero entiéndanme, señores políticos, empezando de Euskadi y llegando al Gobierno español o a Instancias europeas, o insuflamos oxigeno al sistema, oxigeno suficiente para los jóvenes, o el invento se va al garete.

Xabier Iraola Agirrezabala

2017-10-01

Como un cencerro



Hace unos cuantos meses escribí sobre los miles de personas que en un ejercicio de gilipollismo olímpico firmó en la plataforma digital Change.org para que indultasen a la vaca Carmen del Santuario de Animales de su sacrificio pese a ser positivo en brucelosis e inexplicablemente, lo lograron. Ahora bien, aunque este tipo de recursos son habitualmente utilizados por pisapraos, comeflores y demás gentes de buena pero errada voluntad, hoy les tengo que informar que también hay gente “sana” que recurre a este tipo de plataformas y la mejor muestra de ello la encontramos en el pequeño municipio francés de Biot de la Alta Saboya, donde más de 113.000 personas se han rebelado vía Change.org frente la demanda de unos cuantos propietarios de segundas residencias para eliminar los cencerros de las vacas por el insoportable ruido que sacan, solicitando a su alcalde que desestime dicha petición y, felizmente, el alcalde se ha pasado la petición de los chaletistas que están como cencerros, como convenía, por el arco del triunfo. Por tanto, reconduciendo mi ojeriza hacia estas plataformas, caigo en la cuenta que el mal no está en la herramienta sino en el mensaje.

Pues bien, frente a este tipo de chorradas les quiero comentar que hace unos pocos días asistí a un interesante foro cuyo sugerente título lanzaba una pregunta sobre el tipo de quesos que comeremos los vascos en el año 2030. ¡Casi nada! y en el mismo tuve la suerte de conocer personalmente al maestro Enric Canut, un verdadero experto en quesos y autor de un estudio sobre la elaboración de los quesos vascos redactado en el año 1982 que, a la postre, resultó un magnífico trampolín para la puesta en marcha de la Denominación de Origen Idiazabal que, por cierto, el día 4 de octubre, celebrará su 30 aniversario con un potente acto en el Museum Artium de Vitoria-Gasteiz.

En el transcurso de la mañana Canut nos dejó claras un par de cosas,primero, si bien el nivel medio de la calidad del Idiazabal es alto no podemos relajarnos y es primordial incidir en la formación quesera de los pastores elaboradores y en segundo lugar, es imprescindible impulsar la diversificación quesera bien impulsando variantes de subzonas o entidades menores dentro del propio diazabal para acercarnos aún más al consumidor vasco bien impulsando, fuera del omnipresente Idiazabal, otros tipos de quesos que atiendan las nuevas demandas de los consumidores.

Los fríos datos nos dicen que el consumo medio de queso por persona y año es de unos 7,8 kilogramos frente a los 17,2 kilogramos de media europea y que por lo tanto, en el objetivo de fomentar el consumo, tenemos “mucho margen de mejora”. Ahora bien, en ese afán de incrementar el consumo per cápita de los vascos, el recorrido es bastante limitado si nos autolimitamos al Idiazabal y por ello es vital que se impulsen otros tipos de quesos (vaca, mezclas, cabra, …), algunos que ya existían entre nosotros y se perdieron, y conformar con estos quesos una tabla de quesos vascos con los que dar oportuna respuesta tanto a diferentes colectivos (niños, mujeres, ancianos,…) como a la hostelería que reclama innovación continua y perenne. Por cierto, hablando de tablas, mi amigo Iñaki, joven pastor guipuzcoano, a semejanza de lo que ocurre en zonas como Catalunya, plantea promocionar el consumo de queso con una “tabla de quesos vascos” como aperitivo para incrementar el consumo de queso sin ceñirnos al queso como postre.

Como decía previamente, no son pocos los quesos que antiguamente se elaboraban en nuestros caseríos, queserías y montañas, muchos de ellos sólo de leche de oveja (blandos, frescos, tortas, ..) o de leche de vaca pero también de la siempre incomprendida mezcla de leches y digo lo de incomprendida, porque somos muchos los consumidores de queso que tratamos con un cierto desdén, cuando no desprecio, cualquier queso de mezcla pensando, malpensando diría yo, que el buen queso es el de una única leche mientras consideramos que las mezclas son bien para abaratar costes bien para ocultar deficiencias de alguna de las leches. Pues bien, por esta tarea de recuperación de quesos antiguos y de abrir la mente de los vascos hacia nuevos planteamientos queseros, el recientemente fallecido maestro quesero, Montxo Lizeaga, fue reconocido y homenajeado en el transcurso de dicho Foro en cuanto que es un magnífico ejemplo y porque a pesar de su juventud, la huella dejada por su trabajo es honda y apreciada por la vía a recorrer que nos desbrozó.

Ni el maestro Enric Canut ni el añorado Montxo tienen ninguna culpa de los derroteros de este escrito pero no puedo más que finalizar haciendo referencia a otros cencerros, los responsables de la Agencia Tributaria gallega que valiéndose de funcionarios de la Inspección de Trabajo y escoltados por la Guardia Civil (como si tuviesen poco trabajo en Catalunya), pretenden multar a vecinos y familiares que echan una mano en estas labores, y por cuya ayuda no cobran nada. ¡Acabáramos!

La asfixiante burocracia, los daños por fauna salvaje, la fiscalidad creciente, las normativas medioambientales, ….¿Hasta dónde vamos a llegar apretando las tuercas a los productores?



Xabier Iraola Agirrezabala

2017-09-24

La butifarra, por supuesto, catalana



La víspera del referéndum catalán no parece ser la mejor época para adentrarse en cuestiones identitarias y cuestiones nacionales porque uno corre el riesgo, inevitable por otra parte, de salir trasquilado dado que, como comprenderán, al igual que es imposible hacer una tortilla sin romper huevos, es igualmente imposible, referirse a estas cuestiones, sin ser acusado de mingafría por los sectores más nacionalistas (vascos y catalanes) o no ser acusado de secesionista y/o filoterrorista por los otros nacionalistas, que haberlos haylos, los nacionalistas españoles.
En estos momentos donde Mariano ha decidido apagar el fuego echando gasolina sobre la hoguera quisiera poner sobre la mesa, nunca mejor dicho, la cuestión de la identidad nacional en lo relativo a los alimentos y más concretamente a su etiquetado, puesto que mientras unos, apelando al sentimiento y las necesidades de generar la adhesión del consumidor más cercano, reclaman la flexibilidad normativa que posibilite acercarse al consumidor final, los otros, los normativistas y los representantes de lo grande, de la gran agricultura, de la agricultura orientada a la exportación, de la agroindustria, reclaman la eliminación de toda referencia patria que ponga barreras al campo, o mejor dicho, a su libre comercio.
Algo parecido ha ocurrido aquí, en casa, donde los bodegueros de la Rioja Alavesa, mayoritariamente bodegas familiares donde la calidad prima sobre la cantidad, llevan años reclamando a un Consejo Regulador, centrado en el volumen y la exportación de las grandes bodegas de la Rioja Alta, una mayor flexibilidad en su etiquetado que posibilitase una mayor diferenciación para aquellas bodegas más ligadas al territorio de su zona o incluso de su pueblo y ha tenido que ser, tras diferentes plantones, declaraciones públicas y amenazas de algunos bodegueros alaveses de mandar al carajo al Rioja y crear su propia Denominación de Viñedos de Alava, cuando el propio Consejo, al borde del precipicio y mientras sonaba la campana, ha acabado por admitir la posibilidad de dicha flexibilización.
Algo similar a la guerra en que andan países como Francia e Italia donde ....

2017-09-17

La manzana de la discordia



No hace mucho tiempo se me acercó una pareja joven ilusionada con su proyecto de pequeña quesería donde además de queso querían elaborar otra serie de productos lácteos con los que impulsar la idílica diversificación que todos ansían lograr cuando emprenden el camino de la transformación. Al poco tiempo de comenzar la conversación, mi natural talento (osea, nulo), fue suficiente para captar que aquel proyecto no tenía viabilidad alguna, al escucharles que el diseño de las instalaciones debía ser tal forma que no tuviesen que “tocar” las ovejas.
Quizás sea un caso aislado pero mucho me temo que no y prueba de ello son los numerosos casos de caseríos donde la faceta transformadora, por supuesto más rentable que la meramente productora, acaba por engullir y aniquilar la faceta productiva y no es nada raro encontrarse con casos donde los responsables de la explotación, especialmente las nuevas generaciones, atraídos por la rentabilidad de la actividad elaboradora y comercial y junto a ello, por el prestigio que va vinculado al producto final, optan por centrarse en transformar y comercializar y reducir-delegar-subcontratar la faceta productiva, e incluso, eliminarla para pasar a ser unos meros transformadores.
Este fenómeno de desagrarización (¡vaya palabreja me he inventado!) es el fiel reflejo de la desigual distribución de la rentabilidad en la cadena agroalimentaria y algo parecido ha ocurrido también en el sector de la sidra vasca donde los elaboradores, salvadas las excepciones, se han centrado en la faceta transformadora-comercial-hostelera reduciendo a su mínima expresión, cuando no al total abandono, su faceta productiva de la manzana que requieren para la elaboración de la sidra.
Frente a la realidad del sector txakolinero donde, salvadas las excepciones, las propias bodegas son a su vez sus principales proveedores de uva, en el sector de la sidra los responsables de las bodegas han impulsado notablemente su faceta transformadora y muy especialmente, la rentable temporada del txotx, mientras la cuestión productiva se limitaba a unos pocas hectáreas propias para cumplir el expediente, comprar a los baserritarras de la zona e importar manzana a tutiplé tanto de Francia como de Asturias.
Pues bien, cuando estamos al inicio de la campaña de recogida de la manzana para sidra, por cierto, este año comienza con unos 15 días de adelanto debido a la climatología de los meses previos, volvemos a conocer que hay cosas que no cambian y una de ellas es la interminable guerra de precios entre los productores de manzana y los sidreros-elaboradores. Mientras los primeros, denuncian que llevan 12 años con los precios congelados en el subsuelo, la parte contraria, ósea, los sidreros aclaran que ellos querer quieren subir los precios pero no lo ven posible dada la escasa rentabilidad de la venta de sidra en botella.

2017-09-10

Los ecologistas sin veraneo


Quizás lo desconozcan pero la diferencia estival entre Gipuzkoa y Bizkaia es que mientras los primeros, los grisunos guipuzcoanos como dice una allegada mía, vamos de vacaciones, los segundos, los farrucos bizkaitarras, no van de vacaciones sino que, veranean. ¡Así, como suena!. Pues bien, como sabrán, mi familia política es de Bizkaia, del populoso barrio bilbaíno de Santutxu para más señas, y por lo tanto, uno, con los años de convivencia marital ya ha adquirido la categoría de veraneante en Armintza, barrio portuario de la localidad de Lemoiz, donde, perdonen la recoña, nuestra insigne familia veranea desde hace unas cuantas décadas y donde, siento decirlo, veo con no poca preocupación que crecen las actitudes incívicas de algunos chonis al querer aparcar al borde del agua y de algunos otros que no acaban de dominar a sus canes que, cómo ellos siempre te advierten por anticipado, ¡tranquilo, que no hace nada!.
Dejando clara mi condición de veraneante, no creo haber sido objetivo de la campaña de los jóvenes de Ernai (antes Jarrai y/o Segi) que, así, de repente, han concluido que el turismo masivo y masificado que sufre Euskal Herria, especialmente Donostia, es una lacra inaguantable y la madre de todos los males de esos jóvenes que pretenden representar. Los jóvenes cachorros se han pasado de frenada y lo saben. Una vez más, han extrañado, cuando no asustado, incluso a su propia gente y es por ello que los gerifaltes han tenido que salir a la palestra, moderar (sin desautorizar) el estilo y escenificar un encuentro con los hosteleros para rebajar la tensión porque ni las declaraciones de hace un par de años del alcalde donostiarra Izagirre (EHBildu) sacando pecho por los magníficos datos del turismo en la Bella Easo ni la escéptica sonrisa instalada en miles de rostros de vascos que escuchan dichas acusaciones mientras comparten destino turístico con miles de compis de la Izquierda Abertzale que invaden los Pirineos, Mediterráneo, Asturias, Landas, etc., eso sí, con pinta de montañero jatorra y con la fragoneta del copón al pie del camping o montaña, como decía, ambos factores han sido insuficientes para reconducir el espinoso tema y ha sido el propio Otegi quien, temiéndose una revuelta social de parecidas dimensiones al puerta a puerta, ha decidido dilatar en el tiempo la cuestión, a la espera de una nueva reflexión en los foros internos e institucionales.
A mí, personalmente, con respecto a Donostia, me preocupan otras cuestiones, quizás menores pero que nos afectan en el día a día y así, observo con preocupación que en esta ciudad que recientemente decidió firmar el Pacto de Milán, un pacto de política alimentaria sustentado fundamentalmente por diferentes municipios del mundo que abogan por una alimentación saludable y sostenible, las multinacionales del fast food avanzan, lenta pero imparablemente, y muestra de ello son la apertura de McDonald’s en Belartza y la próxima apertura de Burguer King en Lasarte, en sustitución de un hasta ahora asador y lo que es peor, por lo que he podido indagar, entre ambas marcas ya tienen abiertos unos 20 centros en Euskadi.

2017-07-30

No lo sé, No me consta, Lo desconozco


Hace un año murió mi padre, exhausto tras diez eternos años de convivir con el señor Alzheimer. Lo que comenzó como un simple de olvido de llaves acabó del todo con su frágil memoria y se nos fue tras haber olvidado cómo se masticaban los alimentos y, lo que es peor, algo tan simple, como el hecho de respirar.
Hoy, un año después, cuando me dispongo a darles un respiro en la sufrida labor de leer mis filípicas semanales, la cuestión del olvido, paradójicamente,  me vuelve con inusitada fuerza al observar cómo numerosos mandamases populares han caído en las garras del señor Alzheimer, al menos, si son ciertas esas profundas lagunas en la memoria que muestran públicamente cuando el fiscal les interroga por las numerosas tropelías cometidas por ellos y/o por gente, hasta hace bien poco, cercanas. Para suerte de ellos, incluso, sus esposas, muy al contrario de la mía, parecen desconocer todo lo que hacen sus maridos.
Todos ellos recurren al “No lo sé, No me consta, Lo Desconozco” como estribillo de la canción de moda  del verano porque son sabedores, tristemente, que dichas tropelías ya están políticamente amortizadas y que las nuevas denuncias, por muy numerosas y escandalosas que sean, irán como las facturas de los malos pagadores, “al clavo”.
Ahora bien, el olvido y el desconocimiento, cuando no gilipollez, no es exclusiva de éstos visitantes de la Audiencia Nacional, puesto que en caso contrario es difícil de asimilar que 16.500.000 de yanquis crean que la leche con chocolate proviene directamente del ordeño de esas vacas marrones que, para más INRI, en su gran mayoría, tienen orientación cárnica y que además,  un 48% de los encuestados por el Centro de Innovación Láctea de EEUU admite desconocer el origen real del batido de chocolate.
Por otra parte, quizás no tan escandaloso pero sí más dolorosa me resulta la actitud de los máximos responsables políticos de la Junta de Castilla y León que hace pocos meses, siendo interpelados para conocer su posicionamiento frente a la macrogranja para 20.000 vacas impulsada por la cooperativa navarra Valle de Odieta, respondieron que se posicionarían una vez conocido el proyecto del que no tenían más información que la publicada por la prensa. Pues bien, aunque a los de la Junta “no les conste”, sus impulsores piensan presentar este verano el proyecto para una primera fase que, “únicamente”, albergará 4.200 vacas y todo ello, según nos quieren hacer creer, sin que haya habido un intenso trabajo de cocina previo entre impulsores y Junta de Castilla y León, a la postre, la que deberá aprobar y subvencionar dicho proyecto cuando todo el mundo es conocedor que ningún empresario, empezando desde el más pequeño de los agricultores hasta la mayor de las multinacionales, redacta su proyecto empresarial sin, previamente, haber pasilleado y contrastado la viabilidad técnica, ambiental y política de la iniciativa.
El desconocimiento de algunos y la malintención de otros parecen campear, en proporciones idénticas, en los  procesos negociadores que desembocan en los numerosos tratados comerciales que se van firmando, a diestro y siniestro, entre los diferentes gobiernos y bloques continentales confluyendo así las expectativas de pingues beneficios de unos por la imparable apertura de nuevos mercados y con ello, el acceso a millones de nuevos y potenciales clientes con el desconocimento-ignorancia-buenismo de los otros. Todos estos acuerdos comerciales, como se imaginarán están sustentados por sesudos informes y proyecciones económicas, en la mayoría de los casos, encargados de parte y que, una vez rubricado el acuerdo arden fenomenalmente en la chimenea de alguna mansión mientras brillan por su ausencia los estudios a posteriori que analicen las consecuencias de los tratados anteriores y se extraigan las conclusiones a tener en cuenta en las siguientes negociaciones y es por ello que ha me ha sorprendido gratamente que dos prestigiosas universidades, como Oxford y Stanford, hayan hecho un  estudio sobre las consecuencias sanitarias del acuerdo comercial NAFTA suscrito entre EEUU y Canadá allá por los años 90 concluyendo que la salud de los canadienses ha empeorado notablemente, “únicamente”, por un pequeño detalle de la letra pequeña en dicho tratado como era la reducción desproporcionada en los aranceles de ciertos edulcorantes que provocó lo que llaman un efecto de sustitución peligrosa como es el caso de sustituir los azúcares de caña o remolacha por un jarabe de maíz de alta (casualmente, suministrada por la industria alimentaria yanqui)que, a la postre,  ha conllevado que una década después, se haya triplicado el consumo diario de calorías, la diabetes se haya duplicado y triplicado, como quien no quiere, la obesidad de los canadienses. Por ello, visto lo visto, nadie debería alegar desconocimiento, en el momento de firmar algo con estos personajes.
Como verán el olvido y el desconocimiento se expanden por todos los lares, ahora bien y volviendo a la experiencia de mi padre, tengo la pequeña esperanza de que esos responsables a los que todo se les olvida pasen, como le ocurrió a mi padre, por la fase de la desinhibición donde pierden el control de sus palabras y los ciudadanos de a pie, los de la plebe, podamos conocer lo que realmente ha ocurrido y así enjuiciar a sus responsables.

Xabier Iraola Agirrezabala

2017-07-23

Susurros al oído


La Comisión Europea lanzó hace ya bastantes meses una macro-consulta popular con el objetivo de conocer la opinión de la población europea sobre el futuro de la Política Agraria Común (PAC) europea más allá del año 2020.
Pues bien, la Consulta Popular, cuyos resultados han sido recientemente presentados por el comisario agrícola, el irlandés Phil Hogan, ha cosechado un éxito enorme de convocatoria si tenemos en cuenta las 322.900 respuestas recibidas frente a las escasas 5.700 respuestas recogidas en la anterior Consulta allá por el año 2010; ahora bien, conociendo como vamos conociendo el paisanaje y los paisanos del terruño, no me ha sorprendido nada saber que de esas 322.900 respuestas, la propia Comisión ha desechado unas 248.000 respuestas que fueron enviadas masivamente, en tromba, corta-pega a mansalva, por un conglomerado de asociaciones y ONGs conservacionistas, ecologistas o puñetas quieran calificarlas. Sí, esas numerosas y correosas asociaciones que se refieren a las organizaciones y asociaciones agrarias como el detestable “Lobby agrario”, han demostrado una vez más que, ellos sí funcionan como un lobby bien organizado y engrasado.
Si nos atenemos a las 58.000 respuestas válidas, cómo se podrán imaginar las respuestas son tan variopintas como los propios opinadores y así mientras para los remitentes ligados a la producción primaria, lo verdaderamente importante es asegurar la producción alimentaria, garantizar la equiparación de la renta agraria con el resto de la sociedad, las normas de regulación del mercado y por supuesto, la reducción de las cargas burocráticas que les obliga a pasar más tiempo rellenando papeles que cuidando de la tierra o del ganado, por la otra banda, lógico, por la banda de los consumidores, conservacionistas, pensadores,… las prioridades van desde las cuestiones medioambientales, la biodiversidad, la lucha contra el cambio climático y la preservación de un mundo rural vivo donde pervivan miles de pequeñas explotaciones.
Ya lo dice mi suegra, en una de sus lapidarias frases que suelta a menudo y que hay que rumiar lentamente para poder captar la profundidad de la carga, “no se puede tener, la bota llena y la suegra borracha” (versión Santutxu del popular, “sopas y sorber, no puede ser”) y por ello me quiero imaginar que .... 

2017-07-16

Cristiano Ronaldo es la leche

Recordarán, queridos sufridores, que hace unos cuantos meses fueron miles de personas las que suscribieron en la plataforma Change.org la petición para indultar a la vaca Carmen y que no fuese sacrificada como lo son el resto de animales afectados por la enfermedad de la brucelosis. En su momento ya califiqué, y por lo tanto no lo voy a volver a hacer, a estas personas que, seguramente de buena voluntad, tratan a la vaca lechera Carmen como si fuese un animal de compañía.
Pues bien, parece ser que la ley de Murphy, aquella que decía que todo es susceptible de empeorar, tiene numerosos seguidores y casi todos enganchados al dichoso Change porque si no, convendrán conmigo que, es difícil de entender que haya unas 2.200 personas que hasta el momento hayan firmado la petición de perdonar al futbolista Cristiano Ronaldo su deuda con Montoro, o mejor dicho, con todos los ciudadanos de a pie.
He podido leer que el impulsor de dicha petición es una identidad falsa especialista en generar polémicas y noticias virales pero, quisiera aprovechar la ocasión, para llamar la atención de todas esas empresas, sean del ramo que sean, pero muy especialmente, la atención de las empresas agroalimentarias que recurren a personajes famosos para impulsar sus ventas aún a sabiendas que son especialistas en defraudar a la “Hacienda de todos” y de llevarse su dinero a otros países o paraísos fiscales y sin caer en la cuenta que un alimento, además de sabroso y saludable, debe ser éticamente responsable, tanto en su producción, elaboración, comercialización y, cómo no, en su publicidad. ¿No se acuerdan de aquellas natillas publicitadas por un laureado motorista que se ahorraba un pastizal al tributar, con toda su jeta y sin pestañear, en Andorra?.
Si este país estuviese medianamente despierto opino que no habría ninguna empresa, sea agroalimentaria, banco o de ropa deportiva que no miraría, muy mucho, la imagen y reputación de la persona con la que publicitariamente quiere identificarse y así, todos estos deportistas, actores y gente del buen vivir que se pavonean por platós y photocalls dejarían de tomarnos el pelo por doble motivo, una por lucrarse a nuestra cuenta y en segundo lugar, por no tributar como deben.
Dice mi admirado Jaime Izquierdo en su último libro que “el cabreo no es un destino para quedarse a vivir” pero aún así, sin quedarme a vivir en su seno, quisiera pensar que un poco de cabreo y la energía que ello genera sería más que suficiente para provocar un revolcón en estas actitudes, tanto de las figuras utilizadas como reclamo así como de las empresas impulsoras y así, dar por finiquitadas estas actuaciones incívicas.
El ejemplo que estas figuras públicas suponen para miles de consumidores me reafirma en la necesidad que tiene nuestra sociedad actual de líderes sociales, aparte de los políticos, que iluminen nuestra trayectoria y sirvan de guía, especialmente, para las nuevas generaciones. Los buenos líderes sociales, empresariales, educativos, agrarios ¿porqué no?, son imprescindibles para asentar nuestro futuro y cuando pienso en ello, me vienen a la memoria las palabras recientes de Luis Calabozo, director general de la patronal láctea española FENIL, quien haciendo uso de un estilo hueco y ampuloso nos recuerda que una vez liberados del corsé de las cuotas lácteas (¡qué ganas les tenía!), la industria láctea española gana cuota de mercado exterior y amparándose en un cambio de paradigma en el mercado internacional, no deja a los ganaderos más que el recurso a la resignación ante la volatilidad imperante en esos mercados liberalizados, quizás, no lo suficientemente para el señor Calabozo.
No sé porqué pero escuchando sus palabras me acuerdo del fenómeno de la gasolina que sube inmediatamente en el surtidor ante la más mínima subida del petróleo mientras, al contrario, las bajadas del petróleo son repercutidas con retraso en el surtidor. Pues bien, para muchas empresas lácteas españolas, la bajada de ciertos índices lácteos internacionales es motivo suficiente para bajar inmediatamente el precio al ganadero mientras a la contra, siempre hay algún pero, que impide aplicar esas alzas mundiales en nuestras explotaciones.

Xabier Iraola Agirrezabala


2017-07-09

Ramón el auténtico



No quisiera ser como Vicente, el del dicho popular, que va donde la gente ni meterme en fregados que no domino (la verdad sea dicha, no domino ninguno) pero cada vez es más frecuente leer, ver y escuchar voces que alertan sobre las nefastas consecuencias del turismo masivo y masificado. Quizás pensando en lo que viene ocurriendo en otras grandes ciudades, Barcelona por ejemplo, son muchos quienes ya han encendido las luces de alarma sobre lo que está ocurriendo o puede ocurrir en muy poco tiempo en una ciudad tan bella como Donostia y se ponen a enumerar las terribles consecuencias, principalmente el fenómeno de la gentrificación, que ello conlleva para la población local.

Pues bien, como decía, no quisiera caer en la simpleza de atacar porque sí el modelo turístico masivo pero sí aprovechar la coyuntura sobrevenida a la vuelta de unas pequeñas vacaciones en tierras lusas para apuntar una serie de reflexiones que me vienen a la cabeza nada más hacer un breve y somero repaso mental del viaje.

En primer lugar, me viene la inusitada fuerza del turismo low cost, un turismo de bajo coste donde el turista opta por el vuelo más barato elegido en una maléfica plataforma digital comparativa, de esas con las que nos abrasan publicitariamente para que comparemos los precios de viajes, hoteles, seguros, etc; consiguientemente, acomodarse en un establecimiento hotelero o piso vacacional low cost (¡total, con una cama y una ducha, más que suficiente!) y finalmente, para acabar de cerrar el círculo, una alimentación low cost, para salir del paso, a base de comida fast food o platos combinados de corta-pega que te imposibilitan saber si estás en Bilbao o en Indonesia.

La gente, con el mismo dinero, quiere (queremos) hacer muchas más cosas y por ello, la cuestión es la destreza con que estiramos el alcance del dinero, sacar leche a un palo como se dice coloquialmente y así poder vestir, chatear, viajar, esquiar, vacacionar y otras muchas cosas a la última, ¡no faltaba plus!, pero, alimentarnos, ¡casi a la última!.

Otra característica de estos viajes es la prisa. 

2017-07-02

Hacer leña del árbol caido







Hace unos pocos meses, el sector forestal vasco, en su más amplio sentido, sintió un subidón enorme al ver que la construcción en madera de pino insignis del primer bloque de pisos de VPO en la bella localidad de Hondarribia fue acogida mediáticamente con gran fuerza y bien acogida por el conjunto de la sociedad vasca. Es un paso gigantesco en la reorientación del sector maderero vasco y al mismo tiempo, una decisión política, digna del aplauso de todo el mundo, que debe tener continuidad en el tiempo y reforzarse mediante otra serie de cuestiones como son los pliegos de ayudas públicas a la construcción y rehabilitación, ayudas a la renovación de ventanas, etc.


Pues bien, acabo de volver de un pequeño viaje por Portugal al que fui acojonado y del que vuelvo con el alma encogida por las desastrosas consecuencias de los incendios forestales que han asolado gran parte del país vecino y es por ello que quisiera dedicarle unas lineas a la cuestión forestal.

La inicial desolación lusa encendió la mecha de la indignación popular ante la nefasta gestión de los hechos y particularmente, de la pésima gestión de la comunicación a la población por parte de las autoridades responsables. Secundariamente y sobretodo en ciertos círculos, rizando el rizo, han surgido numerosas voces apuntando a la política forestal en dichas latitudes y concretamente al monocultivo de ciertas especies forestales. Personalmente, ni quiero ni puedo entrar en la cuestión porque desconozco la realidad portuguesa, por mucho que haya pasado una semanita por aquellas tierras, pero creo personalmente que los problemas vienen generados más por una nula y/o deficiente gestión forestal, cuando no abandono, que del tipo o variedad de árboles presentes en dichos bosques.

Los hay, incluso, sin tener que viajar hasta tierras lusas, quienes han aprovechado la ocasión para darle un zarpazo a las autoridades locales, lo que se diría una patada a la Diputación en culo portugués, y muestra de ello es el lamentable comunicado suscrito por asociaciones ecologistas-conservacionistas guipuzcoanas con el guerrero título “La Diputación de Gipuzkoa sigue llenado los bolsillos de los madereros con dinero público” donde, recuperando la retórica de anteriores legislaturas, quizás por no haber sacado las conclusiones oportunas, se alude a los agentes sectoriales como el “lobby maderero”a los que acusa de vivir del pesebre y además, lamenta lo que considera una subvención a la venta en el mercado de la madera de pino privada con lo que, así de clarito según estos portavoces del medio ambiente, se está subvencionando la destrucción del patrimonio natural de nuestros bosques.

Quisiera ser buenista por un día y creer que dichas declaraciones son fruto del mareo ocasionado por el calor de las llamas o del simple pero lógico desconocimiento de la realidad del sector forestal vasco compuesto en su inmensa mayoría por miles de pequeños propietarios forestales, por cierto baserritarras casi en su totalidad, porque de ser cierto dicho planteamiento, quiero creer que será relativamente sencillo que una vez conozcan el sector, cambien su opinión y den un giro radical a sus propuestas.

Pero....

2017-06-25

Las cosas claras y el chocolate espeso



Recientemente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha sentenciado que las bebidas puramente vegetales, como la leche de soja o la mantequilla de tofu, no pueden comercializarse bajo denominaciones como “leche” o “mantequilla”, que están reservadas exclusivamente a los productos de origen animal.
El máximo órgano de justicia de la Unión Europea resuelve así un litigio de origen alemán y según la decisión adoptada por la corte europea la normativa comercial europea “se opone a que la denominación «leche» y las denominaciones que este Reglamento reserva exclusivamente a los productos lácteos se utilicen para designar, en la comercialización o en la publicidad, un producto puramente vegetal, aun cuando esas denominaciones se completen con menciones explicativas o descriptivas que indiquen el origen vegetal del producto en cuestión” y por lo tanto, la denominación de “leche” como la de derivados y productos lácteos como la “nata”, el “chantilly”, la “mantequilla”, el “queso” y el “yogur” quedan reservadas a las bebidas de origen animal.
Las cosas claras y el chocolate espeso dice el refrán y en este asunto ocurre algo parecido por lo que, el que quiera consumir este tipo de bebidas vegetales que las consuma, pero que no lo haga confundido o impulsado por una información errónea o un etiquetado malintencionado sino porque, verdaderamente, lo desea.
Leche de vaca, por cierto, es lo que echan en falta en el archiforrado emirato de Qatar donde los 30.000 millonarios que viven en ese desértico paraíso, eso sí, con el riñón cubierto de titanio, han embarcado 4.000 vacas en los aviones de Qatar Airways, la aerolínea que insufla millones de euros al Barca para que, luego, alguno de ellos se ría a nuestra jeta evadiendo al fisco, cientos de aviones que llevarán las vacas desde Australia y EEUU hasta este emirato.
Este desembarco de vacas es uno de los movimientos que están ejecutando las autoridades cataríes ante el cierre de fronteras impuesto por la vecina Arabia Saudí que le está “haciendo el vacío” por su connivencia con el terrorismo yihadista pero más allá del detalle, refleja lo que le ocurre a un país, con unos 2,7 millones de habitantes, que importa el 90% de los alimentos que los archiforrados habitantes comen y al mismo tiempo, refleja lo que puede ocurrirles a todos aquellos países que dejan su alimentación, su seguridad alimentaria, en manos de terceros.

2017-06-18

El brillo de la agricultura del PIB


Leo que las autoridades europeas tras un ataque, por tierra, mar y aire, orquestado y protagonizado armónicamente por instituciones y agentes agrarios españoles están dispuestas a modificar su definición de pastos para posibilitar la inclusión de la dehesa y del monte mediterráneo.

Cuentan, los que pasillean por el Parlamento Europeo y de la Comisión Europea, que la aprobación del dictamen sobre el llamado Reglamento Ómnibus sobre la Revisión del actual Marco Financiero Plurianual que afecta a numerosos reglamentos comunitarios, entre ellos los reglamentos relativos a la PAC, supone un paso importante para lograr mejoras en el actual marco regulatorio de la PAC, sin tener que esperar a una reforma de la PAC, que se anuncia para más adelante. Una de estas mejoras necesarias era la inclusión de la dehesa y el monte mediterráneo en la denominación de superficies de pasto permanente. Con esta decisión el ecosistema productivo ganadero del sur de la piel de toro dejará de verse seriamente penalizado por no adaptarse plenamente a la actual definición reglamentaria ya que no es ni superficie predominantemente de gramíneas, ni de forrajes herbáceos.

Pues bien, ya perdonarán mi escepticismo, personal e intransferible, ante semejante cambio de criterio de nuestros mandamases europeos puesto que si tenemos en cuenta que esas mismas autoridades revisan con lupa, mediante satélites que sobrevuelan nuestras cabezas, cualquier mota de sombra que producen los árboles en las ortofotos o te descuentan como superficie de pasto, incluso los pocos metros cuadrados que ocupan las bolas de silo en el borde de la finca. Por todo ello, convendrán conmigo que es difícil pensar que los mismos que nos racanean unos pocos metros por unas bolas aquí y otras sombrás más allá, puedan, sin más, aceptar miles de hectáreas que supondrán la aprobación de dicho criterio.

Idéntico escepticismo se apodera de mis adentros al escuchar el glorioso discurso institucional, liderado por la ministra Isabel García Tejerina quien sacando pecho frente al resto del consejo de ministros y muy especialmente, frente a los adversarios políticos, va como una gallina clueca chuleando con los pomposos datos que ofrecen las estadísticas de exportaciones agroalimentarias. Según el último informe anual emitido por el propio ministerio (correspondiente al año 2015) y que yo haya podido leer, se constata el aumento de los valores exportados por el sector agroalimentario y pesquero, que alcanzaron el pasado año los 44.065 millones de euros (un 7,5% más que el año anterior y logrando ser el 17,6% del conjunto de todas las exportaciones totales, incluso, por encima del automóvil) con lo que en el contexto comunitario, somos los cuartos sólo por detrás de Países Bajos, Alemania y Francia y con los productos frescos, como estandarte, con un aumento interanual del 14%, aumentando la diversificación de destinos y siendo los cítricos, la carne de porcino, el vino, el aceite de oliva y las demás hortalizas y entre los más importados el maíz, las habas de soja, los crustáceos y los moluscos, los productos más exportados.

No es que uno quiera ser aguafiestas ni pesimista recalcitrante pero siendo realista me apena ver que el triunfalismo de los números globales, los números gordos de los informes estadísticos, no cuadran con los números concretos, detallistas y flacos, los números a nivel de explotación agraria, los números a ras de tierra, donde los boyantes números estadísticos esconden, ocultan o tergiversan la realidad del sector productor, bien sea en cítricos (Valencia, por ejemplo, con el mayor número de hectáreas abandonadas), en hortalizas (con toneladas de productos sin recoger o tiradas por falta de rentabilidad) o en leche de vaca con unos precios ínfimos y con los más jóvenes en estampida.

Quizás los números sirvan a alguien para sacar pecho ante sus compañeros de pupitre, quizás nos impidan ver con nitidez que el beneficio generado se lo reparten los eslabones de la transformación, comercialización y distribución, quizás cada vez tienen más peso los números de la agricultura “sin agricultores pero con empleados de la industria” o lo que yo vengo en llamar, la agricultura del PIB.

Puede ser y así será. Ahora bien, por mucho que se alegre Isabel, a mí, el brillo de esos números dorados ni me ciegan ni me consuelan. A mí, lo que verdaderamente me consuela y satisface, es ver a los productores con una sonrisa de oreja a oreja.
Xabier Iraola Agirrezabala


2017-06-11

OCNIs en nuestra galaxia




Habitualmente se utiliza la expresión “el mundo se acaba dos veces al año, el 31 de julio y el 31 de diciembre” refiriéndose a esas dos fatídicas vísperas de fechas clave donde todo pichichi quiere solventar los temas pendientes y se alivia, mentalmente al menos, al comprobar la mesa limpia de papeles tras haber trasladado, vía email o guaxap, nuestro problema a otro. ¡Ahí te va eso que yo me voy de vacatas!

Pues bien, este año creo que la cosa se está complicando porque noto una cierta efervescencia incluso antes de comenzar oficialmente la temporada estival y es por ello que voy a aprovechar la ocasión para hacer una pequeña entresaca y trasladarles unas cuantas cuestiones y reflexiones que me han parecido lo suficientemente interesantes.

Comienzo informándoles que Altzo, pequeño municipio de Tolosaldea, cuenta en adelante con un coqueto espacio, una preciosa borda apegada al caserío Iriarte, para albergar pequeños eventos donde el contacto con la huerta y el amor por el producto propio, además de la privacidad y discreción, serán sus banderas. Es la apuesta personal de mi amiga Pili Zubiarrain (bien acompañada por dos cocineros jóvenes salidos del BCC) por la diversificación y conociéndole, sé que, una vez más, volverá a sacar leche de un palo. ¡Suerte!

Frente a lo recogido del proyecto de Altzo, grande, gigantesco diría yo, es el éxito obtenido por los baserritarras de Eibar, que haberlos haylos, quienes mostrando una unión y fuerza impensables han logrado paralizar un disparatado plan especial para Arrate. Un plan donde el consistorio, intentando justificar una actuación en las cercanías del santuario de Arrate y quizás queriendo redimir penas por tener abandonadas su 20 hectáreas públicas, pretendía hacer la puñeta a los baserritarras integrando aproximadamente 300 hectáreas de terreno, eminentemente, de propiedad privada. Pues bien, la unión de todos los baserritarras y sus familiares ha logrado echar por tierra, temporalmente al menos, los planes municipales con un respaldo, en principio, de la oposición y finalmente, unánime. ¡Enhorabuena!. Todo un ejemplo.

Gigantesco es también el esfuerzo que hacen diversos agentes y colectivos para acercar entre sí el mundo rural y urbanos, un trabajo ingente que requiere de una estrategia amplia, compartida y sostenida en el tiempo para que, entre muchos, podamos lograr que la dos caras de una misma sociedad, la cara rural y la urbana, sean copartícipes de un mismo presente y, esperemos, de un mismo futuro.

En este sentido quisiera apuntar que han lanzado ya la cuarta edición del programa ONGI ETORRI BASERRIRA (¡Bienvenidos al caserío!) que se celebrará los días 7 y 8 de Julio y donde 29 caseríos de Gipuzkoa y Bizkaia abren sus puertas, gratuitamente, para que la gente urbana conozca el día a día de sus familias, su modo de vida y de trabajar y, de paso, conozcan esos pueblitos que, en muchos casos, no saben ni ubicarlos en el mapa. La gente que esté interesada tiene plazo hasta el 30 de Junio para inscribirse por lo que les invito a entrar en www.ongietorribaserrira.eus e inscribirse antes de que se llenen todas las plazas. Por cierto, aún recuerdo el rifirrafe que tuve con una señora de Donostia que se enfadó conmigo al recriminarle no saber dónde estaba Urnieta, situado a 5 minutos de la Bella Easo, y por recordarle que el mundo no acababa en el túnel de Amara. Mi capacidad de sorprenderme ya está colmatada y por ello, pocas cosas me sacan de mis casillas, pero comprenderán que me subleve al constatar que conocemos perfectamente las calles de la City londinense mientras ignoramos donde está Bidania o el bellísimo embalse de Urkulu.

Ahora bien, tan importante o más, es que la gente urbana conozca los modos de vivir y trabajar de los baserritarras y que conozca el proceso de cultivo o manejo del ganado, la gestión de los pastos y bosques para que luego, cuando vaya a comprar sus alimentos a un establecimiento, sepa y recuerde lo que hay detrás de cada pollo, huevos, filete, botella, leche, etc. Cuando alguien pide “yo, muslo” debe, o debiera al menos, saber que el muslo solicitado no es una pieza independiente que se cría aisladamente en el seno de una bandeja sino que es una parte del cuerpo de un animal que es gobernado, alimentado y sacrificado y del cual se sirve, de forma separada, su ansiado muslo. No crean que exagero, hay mucha gente que lo piensa.

El consumidor final, cada vez más urbano, cada vez más alejado del campo donde se producen los alimentos, cada vez más ajeno a las tradiciones culinarias propias de cada tierra, cada vez más convencidos de que cocinar es perder el tiempo y este tipo de consumidor es, así lo apuntan todos los datos, un campo fértil para la industria alimentaria que procesa los alimentos y que nos da proporciona todo tipo de alimentos procesados haga su agosto con la comercialización de esos procesados que algunos estudiosos han venido a llamar OCNI (Objeto Comestible No Identificado) que no es más que un pseudoalimento del que desconocemos su origen, su composición y en definitiva, su alma.

No hace mucho se hablaba de la existencia de OVNIs en nuestra galaxia y ahora, comprobamos, que somos nosotros mismos, los extraterrestres que se alimentan de OCNIs, eso sí, a beneficio de la industria alimentaria (al menos de algunos) y a beneficio de obtener mayor tiempo libre para malgastarlo ante alguna pantalla. Por ello, a lo dicho, déjese de OCNIs, aterrice, ponga los pies en la tierra y acérquese a un caserío. Su mente y su estómago, se lo agradecerán.


Xabier Iraola Agirrezabala

2017-06-04

Insípidos


Dice mi amigo Tomás que él no compra melones hasta mediados del mes de agosto puesto que, reiteradamente, ha comprado hermosos ejemplares cuya belleza externa es, lamentablemente, incapaz de justificar la insipidez de su interior. Algo similar me ocurrió a mí cuando en un mismo acto de compra adquirí diferentes frutas y cuál fue mi sorpresa cuando al ir a comerlas no fui capaz de diferenciar la pera del briñón puesto que ambas eran una insípida fruta servida “al dente”, por no decir, que casi me dejo parte de la dentadura en el intento.

Los productores, y aquellos otros que pululamos por los alrededores, debemos ser conscientes del maltrato que muchas veces se somete al consumidor final ofreciéndoles una fruta y/u hortalizas todavía inmaduras (algo generalizado en aquellas piezas que viajan cientos o miles de kilómetros)  por acceder a nuevos y lejanos mercados, por las prisas de salir los primeros al mercado no tan lejano, pillar el mejor precio y porqué no, cumplir con la demanda de gama por parte de la tienda o supermercado con la que se trabaja.

Dicho lo dicho, no es menos cierto que, este tipo de malas experiencias en los consumidores lo único que logran es que el consumidor, poco a poco, sigilosamente, se vaya alejando de nuestro producto y por ello es necesario que reaccionemos y ofrezcamos los productos en su óptimo punto de maduración y sabor sin mirar tanto a parámetros estéticos que nos llevan a la dictadura de los guapos. Por ello reivindico ¡viva los feos con sabor!

No es fácil, lo sé, vivimos en una sociedad donde las prisas, la comodidad, lo efímero mandan y nos hemos acostumbrado a consumir hortalizas y frutas insípidas, pollos cuya carne de separa del hueso con el mero roce del cuchillo, productos precocinados hechos con sobras, subproductos y todo tipo de añadidos y por ello, es más necesario que nunca que comencemos a sembrar en las edades tempranas para luego poder cosechar en las edades donde cada uno de nosotros decide qué y cómo alimentarse.

En este sentido me llama poderosamente que en Euskadi no haya, al amparo del programa europeo existente, un programa escolar de consumo de frutas, hortalizas y leche donde, impulsado desde el sector productor-elaborador-catering (excelente ocasión para fomentar la cooperación entre cooperativas, empresas agroalimentarias y empresas de catering) en colaboración con la propia administración y el respaldo de las asociaciones de padres-madres, se fomente, en función de la época y del producto que exista en el propio sector, el consumo de nuestras hortalizas, frutas y nuestra leche, quesos, cuajada, yogures, flanes, etc. Soy consciente, antes de que me lo recuerden, de las limitaciones productivas de nuestro sector pero la imposibilidad de abordar el sistema educativo en su totalidad no debiera ser motivo para descartar iniciativas parciales y acotadas en el espacio parejas a la potencialidad del sector, ir abriendo mercado y demanda que asimismo, impulse la entrada de nuevos baserritarras. El fomento del consumo de los productos propios, cercanos, en su temporada más idónea fomentará el reconocimiento del sector primario, de nuestros productos y muy especialmente, el reconocimiento del alto valor de los productos auténticos y excepcionales que producen nuestros baserritarras.

Pero hablando de reconocimiento les tengo que hacer partícipes de dos reconocimientos que me han sobrevolado esta última semana. En primer lugar, a cuento del follón que existe en Navarra con una fallida planta de biogás, sin entrar en arenas de las que seguramente saldría escaldado, tengo que reconocer la habilidad de numerosas ingenierías, consultoras, etc. que han sido capaces de vender motos averiadas a aquellos políticos que juegan con el abundante dinero ajeno, en tanto en cuanto que es de todos, y camelarles para que inviertan en proyectos, más o menos faraónicos, escudándose eso sí, en su validez para el sector primario mientras los profesionales del campo, escépticos, miran a ingenieros y políticos con la misma cara con que la vaca mira al tren. Una vez más, y van unas cuantas, el sector agrario es utilizado por agentes intermediarios (ingenierías, consultorías tecnológicas y energéticas, etc.) para pillar cacho, conocedores, en muchos casos, de la inviabilidad de dichos proyectos sin el sostén público.

Finalmente, mi reconocimiento y creo que este sentimiento es ampliamente compartido por numerosa gente del sector primario, al recientemente fallecido Juan Karlos Zuloaga, una persona buena donde las hubiera, con una sonrisa interminable, veterinario de formación y cuya  vida de servicio público le llevó a servir a su pueblo, Aia, en la alcaldía durante 12 largos años, posteriormente, trabajar en la gerencia de la cooperativa de ganaderos Urkaiko y posteriormente, llevar responsabilidades directivas tanto en Gobierno Vasco como Diputación, eso sí, siempre ligado a su querido sector primario y al mundo rural.

Tal y como decía al principio, los niños habituados al pollo corriente no saben apreciar el buen pollo de caserío, o al menos les cuesta apreciarlo, pues algo similar nos ha ocurrido a nosotros con el excepcional Juan Karlos cuya bondad y valía las valoraremos y reconoceremos, quizás demasiado tarde, cuando comencemos a sentir su ausencia.

Xabier Iraola Agirrezabala

  

2017-05-28

Los caracoles y la innovación



La Ascensión del Señor es la fiesta patronal de mi pueblo, Legorreta, que, eso sí, de forma sui generis, celebra los 3 jueves que antiguamente se decía que lucían más que el sol: jueves santo (actualmente la gente lo celebra camino a su destino vacacional), jueves de la Ascensión y el jueves de Corpus Christi que, en mi pueblo, lo celebramos en sábado para poder despendolarnos a gusto y tener el domingo para reposar.
Pues bien, recibido el programa festivo caigo en la cuenta, un año más, que el programa, salvo cuatro detalles, es idéntico al del año pasado y si me apuran, al de las últimas décadas. Reflexionando sobre la cuestión, caigo en la cuenta, que las fiestas patronales para que alcancen la categoría de tradición deben ser idénticas, mantenidas en el tiempo y repetidas año a año porque es esta característica, su repetición, la que las hace que la gente las asuma como propias, como parte de sus vidas y por ello, toda renovación que supere lo meramente anecdótico, está abocada al fracaso.
En nuestro caso, la festividad del Corpus es particularmente simple y tradicional al constar única y exclusivamente con una merienda popular donde, desde hace un porrón de años, el ayuntamiento sirve vino al pueblo que acude en masa, con sus mesas y sillas, a merendar en familia y/o cuadrilla y son los caracoles el plato tradicional (imagino que pronto vendrá algún iluminado que nos denunciará por maltrato animal y se acabará la tradición). La fiesta en su simpleza es, así lo creo yo al menos, la más sentida por los vecinos y es que este peculiar día es el elegido por todos aquellos legorretarras de nacimiento que viven fuera, para volver, aunque sea por un día al año, al txoko que les vio crecer.
Llama la atención que en la sociedad moderna en que vivimos donde la apelación a la innovación es constante sigan manteniéndose este tipo de costumbres y tradiciones pero creo que este fenómeno, o algo parecido, ocurre también en el campo de la alimentación y la gastronomía donde los vectores de la comodidad y la salud con todas las características y condicionantes que ellos conllevan suponen un enorme reto para aquellas gastronomías, como la nuestra, que casa mal con las prisas y la obsesión por la báscula.
Innovar por innovar, por la imperiosa necesidad de cada cierto tiempo sacar algo al mercado, no vaya a ser que el consumidor se aburra de comer siempre lo mismo, es en mi humilde opinión un craso error en el que no debiéramos caer y por ello, aunque no hay formulas mágicas para el conjunto del sector, debemos ser conscientes que uno de los campos de innovación es aquel cuyo motor sea la vuelta al pasado, a la tradición, a lo auténtico, a los sabores de siempre, esos que todos añoramos, en definitiva, una innovación con retrovisor rescatando del pasado de nuestros antepasados las mejores variedades, técnicas de producción, elaboración, etc. dando respuesta así a una creciente parte de la población que demanda autenticidad.
Es, salvando las distancias, lo que está ocurriendo en este alborotado mundo donde la globalización salvaje y sus consecuencias más terribles nos ponen los pelos de punta y nos hacen aferrarnos a lo cercano, a lo propio y local. Pues bien, en cuestión del comer, mientras observamos los constantes escándalos alimentarios provocados por las macroempresas alimentarias que utilizan productos y subproductos del mundo mundial para empaquetarlos y servírselos a usted en un envase, eso sí, de fácil apertura (los únicos que no conocen el abrefacil deben ser los de los chupachuses de los niños), es en este contexto donde los consumidores, en nuestro caso vascos, optan, cada vez más, por los productos locales, típicos de su zona, que se consumen y elaboran, mayoritariamente, en base a unas recetas y usos tradicionales y que les aportan, además de la calidad inherente a dichos productos, una seguridad y un  plus de identificación en esta época de globalización impersonal e inhumana.
En un mundo globalizado, los humanos necesitamos de señas de identidad que nos anclen a nuestro entorno  más cercano y que, incluso llego a pensar que, den sentido a nuestras propias vidas y es en este contexto donde los alimentos tradicionales, con identidad, con tanto pasado como futuro y que evolucionan e/o innovan, sólo en lo imprescindible, tienen todo el sentido del mundo y con ello, su propia razón de ser y su garantía de futuro.
Por ello, emulando a Trump y su “American first!”, me atrevería a gritar “basque food, first!”.

Xabier Iraola Agirrezabala

2017-05-21

Cabreado




Vuelvo mosqueado de una reunión en la que los ponentes afirman que los vascos bebemos una media de 3 litros de sidra al año, particularmente me mosqueo porque la verdad sea dicha no me cuadran los números y menos aún, si tengo en cuenta que en la cena semanal de mi cuadrilla, nos bebemos una botellita por cabeza. Comento el dato entre mi sanedrín científico y acabamos en uno de nuestros debates post-postre, cómo no, en la conclusión científicamente inapelable que la sociedad actual, la que llamo del pichiglás, anda algo más que despistada y sin saber apreciar lo verdaderamente bueno que nos ofrece nuestra tierra. Por cierto, hablando de cosas sabrosas, el postre de esta semana era una tarta de tiramisú de la pastelería Aizpurua, elaborada por el venezolano vascoparlante Horacio, con la que alcanzamos a tocar con los dedos el mismísimo cielo. ¡ósea, ya saben!.

Igualmente mosqueado, quizás debiera decir cabreado, anda la gente del campo con el tratamiento que recibe de los urbanitas que se acercan al territorio agrícola con esas mismas gafas con las que observa la realidad urbana y que juzgan ciertos hábitos de trabajo y maneras de gestionar sus rebaños y tratar los animales, siempre, bajo sus coordenadas mentales plenamente urbanitas. Pues bien, hace bien poco, hemos conocido el caso de un pastor que acudió acompañado de sus perros en su coche a una finca donde, al parecer, se le habían escapado algunas ovejas al tener caído parte del cierre perimetral y resulta que, la tarea se complicó y alargó más de lo esperado y mientras tanto, unos paseantes que vieron los perros dentro del coche, denunciaron el abandono de dichos perros y así, este pastor fue acusado de maltratar a sus perros, por cierto, sus animales de trabajo en su faceta pastoril. Gracias a Dios, o mejor dicho, al sentido común del juez, dicho pastor fue absuelto pero ello no es óbice para que la alarma generada por dicha denuncia se haya expandido por el sector en su totalidad.

No suficiente con ello, hace unos días, la prensa daba cuenta de la denuncia de unos propietarios de perros, cazadores a más señas, cuyos perros andaban sueltos por el monte (no olvidemos que en las coordenadas mentales de esta gente o similares, el monte es de todos) y ahuyentaron el rebaño de un pastor que, encabronado como es lógico, golpeó a dichos perros y ahora, se enfrenta a una pena de cárcel de siete meses, de la que se libra al no tener antecedentes, y a la inhabilitación de ejercer su oficio por 2 años. Por cierto, penas de cárcel por 3 años y multas económicas son también lo que han pedido para unos ganaderos de vacuno de leche por los daños medioambientales ocasionados por la rotura de un conducto subterráneo de la fosa de purines que provocó una fuga que acabó vertiéndose en el río y provocó la muerte de truchas y cangrejos autóctonos.

Exponiendo algunos de los casos que hemos conocido estos últimos tiempos, no estoy queriendo amparar ningún comportamiento delictivo ni claramente perjudicial para los animales o para el medio ambiente pero convendrán conmigo que es fácilmente comprensible que la gente del campo ande encabronada con dichas actuaciones, tanto de denunciantes como fiscales o jueces, y con que se pidan penas de cárcel, tan alegremente, para unas explotaciones donde la inhabilitación para ejercer su oficio o el encarcelamiento de sus titulares, supone automáticamente el cierre de la explotación familiar.



2017-05-14

El caldito de mi cuñado





Mi hijo es, por lo general, bastante buen comedor pero tengo que reconocer que en asunto de croquetas es bastante tiquismiquis pues sólo come las croquetas de amama (abuela). Mira que lo hemos intentando de las más diversas maneras, pero no hay forma de meterle ni una sola croqueta que no sea elaborada por mi querida suegra y por ello, antes de echarse a la boca cualquier croqueta,  hace la pregunta de rigor, ¿serán de amama, no?

No le ocurre lo mismo a mi cuñado el mayor que, éste también es buen comedor, como suele decirse coloquialmente, con mejor saque que el propio pelotari Titín y es que cuando acude a su refugio riojano es cliente habitual de un bar famoso por su caldito, agárrense los machitos, cuya fórmula mágica no le pertenece al cocinero sino a la multinacional que envasa el caldo en los briks que el establecimiento sirve, eso sí, con esmero y cariño.

Algo similar a lo que ocurría en el anuncio de aquella famosa fabada donde la imagen de una entrañable abuelita era utilizada para engañar a sus comensales que ni por asomo imaginaban que dicha abuelita les servía un fabada de lata como si fuese una fabada artesanal cocinada por ella misma, con paciencia, mimo y cariño durante toda la mañana es algo muy ilustrativo de lo que ocurre, día sí y día también, en nuestros comercios donde abundan los términos casero, artesano, natural, etc. en productos elaborados a escala macroindustrial por potentes empresas agroalimentarias.

Pues bien, este uso y/o abuso, cuyo único fin es generar la confusión del consumidor final, ha sido recientemente denunciada por una organización de consumidores, OCU para más señas, que ha señalado el nombre de 24 empresas que utilizan dichos términos para confundir al comprador y lograr su adquisición valiéndose de la confianza que le generan apelativos como casero, natural, artesano, etc. y reclamando de las autoridades pertinentes que se impulse la oportuna normativa legal para cortar por lo sano este abuso de cuatro empresas que intentan atribuir a sus productos industriales unos atributos que en realidad no tienen.

No sé qué pensarán sobre esta denuncia las industrias directamente señaladas en dicha denuncia y otras muchas que van por el mismo camino pero, para que sean conscientes del negocio que se mueve por estos lares, traerles a colación que recientemente la prensa madrileña destacaba, por ejemplo,la fortaleza del negocio de las “croquetas caseras” bien sea para el consumidor final pero sobre todo para el canal Horeca, ósea, hostelería, restauración y catering, al concitarse factores como la reducción de las dimensiones de los establecimientos (reduciendo la cocina a su mínima expresión), la consiguiente reducción de personal en las cocinas y el que la croqueta se haya alzado al segundo puesto del ranking de pintxos, por detrás de mi amada tortilla de patatas (como diría Belén Esteban, ¡yo por mi tortilla, mato!), como decía, estos factores han impulsado un pujante nicho de negocio donde la vasca Gesalaga Precocinados, que elabora 120.000 croquetas diarias y con 11 millones de euros de facturación en el año 2016, es la reina de la croqueta “casera”.

Desde luego que estas empresas de alimentos “gourmet” aprovechan este suculento nicho de mercado, cumplen su función social y sacian las necesidades tanto de los establecimientos hosteleros como de miles de consumidores que rechazan pasar su tiempo haciendo la masa de la croqueta, haciendo el caldo con las verduras, huesos y carne u otro tipo de alimentos. Desde luego que la elaboración de dichos productos ha mejorado notablemente con innovación tecnológica y mejora de procesos pero, ello no es óbice, para que los elaboradores realmente artesanos y caseros, que haberlos haylos, y particularmente, los consumidores no exijan una normativa estricta sobre etiquetado alimentario, regulando el uso de términos como los mencionados (artesano, casero, familiar, tradicional, etc.) para evitar, en la medida de lo posible, el fraude y engaño a los consumidores y de paso, la urgencia de establecer controles reales y efectivos para asegurar que la publicidad de alimentos y bebidas sea transparente, clara y real.

Les adelanto que la exigencia de estas normativas no es para fastidiar a nadie en particular, sino, para defender a los míos y especialmente, a mi queridísimo cuñado.


Xabier Iraola Agirrezabala